martes, 27 de junio de 2017
Biblioteca de Silos. Llevando un libro

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Glosas silenses.

    Es en el pueblo castellano donde va surgiendo espontáneamente una nueva forma de hablar. Es entre el clero, muy probablemente benedictino, donde se inicia el reconocimiento de ese nuevo hablar escribiendo intencionadamente sus primeras palabras en unos libros latinos dedicados al uso litúrgico.
    Los monasterios benedictinos de San Millán de la Cogolla y de Santo Domingo de Silos son quienes, desde la memoria más remota, conservaron en sus respectivas bibliotecas esos textos hasta que la exclaustración, en 1835, suprimió la vida conventual en ambos monasterios.
    Las glosas son un conjunto de anotaciones de tipo linguistico que se añaden al margen, o entre líneas, de un texto para hacerlo más claro. La profusión de tantas glosas romances en tan pocos folios, como sucede en este penitencial de Silos, denota una voluntad decidida por traducir las palabras latinas más significativas a la nueva lengua ya en uso. Al aplicar la grafía latina a esa nueva forma de hablar carente todavía de normas y usos ortográficos este monje culto puso en marcha un experimento que luego se consolidaría. Con ello le dio al nuevo hablar un sustrato cultural que favoreció su difusión. Estamos ante las primeras palabras intencionadamente escritas en lengua española. Antes de estas glosas no existió ningún libro ni glosario netamente romance. Se aprecia que tanto el texto como las glosas son de la misma mano y coetáneos, lo que se debe a que, sin duda, estaba copiando un códice anterior. Son 368 glosas, latinas y castellanas, las que aparecen en los 15 folios del penitencial. Nos encontramos ante el primer diccionario de la naciente lengua española.
    Este penitencial de Silos forma parte del códice, hoy en el Museo Británico, add. 30853 y ocupa los fols. 309-324.


En tierras de Caraço. »