jueves, 20 de febrero de 2020
Biblioteca de Silos. Sentados

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6. El silencio.

No hablé con ligereza.
     1 Hagamos lo que dice el profeta: Yo me dije: vigilaré mi proceder para que no se me vaya la lengua, pondré una mordaza a mi boca. Guardé silencio resignado, no hablé con ligereza. 2 Aquí nos enseña el profeta que, si por amor al silencio se deben evitar incluso conversaciones buenas, con cuánta más razón debemos abstenernos de hablar mal por el castigo que merece el pecado. 3 Por tanto, dada la importancia del silencio, rara vez se dé permiso para hablar a los discípulos perfectos, aun cuando se trate de cosas buenas, santas y edificantes, 4 porque está escrito: Hablando mucho no evitarás el pecado. 5 Y en otro lugar: Muerte y vida están en poder de la lengua. 6 Pues hablar y enseñar corresponde al maestro y callar y escuchar le toca al discípulo. 7 Por eso, si hay que pedir algo al superior, pídase con toda humildad y respetuosa sumisión. 8 En cuanto a la burla soez, la cháchara inútil y la bufonada las prohibimos siempre y en todo lugar, y no permitimos que el discípulo abra la boca para tales expresiones.


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