miércoles, 27 de mayo de 2020
Biblioteca de Silos. Ordenando

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31. El mayordomo.

Sea como el padre.
     1 Como mayordomo del monasterio se elegirá de entre la comunidad uno que sea sensato, maduro, sobrio, que no sea comilón, ni orgulloso, ni conflictivo, ni injusto, ni torpe, ni derrochador, 2 sino temeroso de Dios. Que sea como el padre de toda la comunidad. 3 Esté al cuidado de todo. 4 No haga nada sin orden del abad. 5 Cumpla lo que se le manda. 6 No fomente malestar entre los hermanos. 7 Si quizá algún hermano le pide algo poco razonable, no le aflija con una respuesta despectiva, sino niéguele con razones y humildad lo que pide indebidamente. 8 Vigile su corazón, recordando lo que dice el apóstol: Los que se hayan distinguido en el servicio progresarán. 9 Preste toda su atención a los enfermos, niños, huéspedes y pobres, sabiendo, sin lugar a dudas, que de todos ellos tendrá que dar cuenta en el día del juicio. 10 Cuide todos los útiles y bienes del monasterio como si fueran vasos sagrados del altar. 11 No desprecie nada. 12 No se haga avaricioso, ni tampoco depilfarrador hasta el punto de acabar con el patrimonio del monasterio, sino que obre en todo con equilibrio y según disponga el abad.

Dé una buena respuesta.
     13 Sea, ante todo, humilde, y al que no tenga qué darle, déle una buena respuesta, 14 como está escrito: Vale más una buena palabra que la más preciosa dádiva. 15 Tenga bajo su cuidado todo lo que el abad le confíe y no se entremeta en lo que le haya prohibido. 16 Dé a los hermanos la ración establecida sin arrogancia ni dilación para no escandalizarles, recordando lo que la divina palabra dice merecer el que escandaliza a uno de los pequeños. 17 Si la comunidad es numerosa se le darán ayudantes para que también él pueda desempeñar su oficio con ánimo sereno. 18 Lo que se tenga que pedir y dar pídase y dése a horas establecidas, 19 para que nadie se inquiete ni aflija en la casa de Dios.


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