viernes, 29 de mayo de 2020
Biblioteca de Silos. Llevando un libro

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36. Los hermanos enfermos.

Sírvaseles como a Cristo.
     1 Ante todo y por encima de todo se debe cuidar de los enfermos, para que de verdad se les sirva como a Cristo, 2 porque él dijo: Estuve enfermo y me visitasteis, 3 y: cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. 4 Pero recuerden también los enfermos que se les sirve en atención a Dios, y no angustien con sus caprichos a los hermanos que les sirven. 5 No obstante, se les debe soportar con paciencia, porque en con ellos se adquiere una mayor recompensa. 6 Por tanto, el abad tenga el máximo cuidado de que no sufran ningún abandono. 7 Haya una celda aparte para los hermanos enfermos y un enfermero temeroso de Dios, entregado y atento. 8 Facilítese a los enfermos ir a los baños cuantas veces sea necesario. Pero a los sanos, sobre todo a los jóvenes, se les autorizará más de tarde en tarde. 9 Se permitirá comer carne a los enfermos muy débiles para que se repongan. Pero, cuando hayan mejorado, todos se abstendrán de comer carne como es costumbre. 10 Ponga el abad el máximo cuidado para que ni los mayordomos ni los enfermeros desatiendan a los enfermos, pues él es el responsable de las faltas que cometen sus discípulos.


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