lunes, 30 de noviembre de 2020
Biblioteca de Silos. Llevando un libro

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61. Los monjes forasteros.

Examínelo prudentemente el abad.
     1 Si algún monje forastero que viene de tierras lejanas quiere residir como huésped en el monasterio 2 y está conforme con la forma de vida que en él halla sin perturbar al monasterio con sus exigencias, 3 sino que sencillamente se contenta con lo que encuentra, admítasele por el tiempo que desee. 4 Si con humilde caridad hace alguna crítica u observación razonables, tome nota prudentemente el abad no sea que Dios lo haya enviado para eso. 5 Y si más adelante quiere firmar su estabilidad, no se rechace su deseo, máxime habiéndose podido conocer su modo de vida durante su hospedaje.

En todas partes se sirve a un mismo Señor.
     6 Pero, si durante su estancia se ha mostrado exigente y vicioso, no sólo no se le debe incorporar a la comunidad monástica 7 sino que se le debe decir con cortesía que se vaya para que otros no se contagien de sus miserias. 8 No mereciendo la expulsión, no sólo, si lo pide, ha de ser admitido como miembro de la comunidad 9 sino que se le debe persuadir a que se quede para que con su ejemplo edifique a otros, 10 pues en todas partes se sirve al único Señor y se milita para el mismo rey. 11 Si el abad cree que lo merece podrá asignarle un puesto algo superior. 12 No sólo a un monje sino también a un sacerdote o clérigo podrá el abad asignar un lugar superior al de su entrada, si considera que su estilo de vida lo merece. 13 Guárdese el abad de recibir nunca a un monje de otro monasterio conocido para vivir en su comunidad sin el consentimiento de su abad o carta de presentación, 14 porque escrito está: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.


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